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Escribir para drenar emociones, sanar y dejar huella



Adelaida Gómez, autora de Una silla con mi nombre

Aquella mañana de 1939, Elías Canetti se despertó con la boca seca y una odiosa ansiedad que le inundaba el alma. Un rato después, cuando lo llamaron para avisarle que los tanques alemanes habían cruzado la frontera polaca, hizo lo único que podía hacer para intentar el imposible sosiego de esa angustia perfecta que sentía:
se puso a escribir.

Tomado del relato “El sueño angustioso de Canetti”, en “Soñario”, por Mempo Giardinelli, Ed. Edhasa, Buenos Aires, 2008. P. 61.

Adelaida es una mujer con coraje y fortaleza. Supe de ella en un taller de literatura que ofreció el escritor Orlando Van Bredam. Él mencionó el relato autobiográfico de Adelaida: Una silla con mi nombre, subtitulado: Hay huellas que no las borra el viento ni la lluvia, como un caso ejemplar de los beneficios que puede generar la escritura.

Por mi interés en el tema de la "escrituterapia" (término que inventé para tratar de explicar mi idea), al terminar el taller, hablé con el profesor y le comenté que quería conocer a Adelaida, y él amablemente hizo el contacto. Cuando fui a conocer a Adelaida, quien pasaba unos días en Buenos Aires, me atendió con una sonrisa serena. Su afabilidad me llevó a imaginar cuán sólido debe ser su carácter, opuesto a la fragilidad de sus piernas. 


Adelaida ha escrito y publicado un libro para ayudarse a sí misma y a quien lo lea, las circunstancias que ella ha tenido que enfrentar y que, más que mellar su voluntad, la alentaron a crear. Podría decir más, pero mejor que sean sus palabras las que demuestren su lucidez.

¿Por qué está en silla de ruedas?

Cuando tenía veintidós años recibí un disparo en el cuello que me dañó la médula espinal. Eso ocurrió por un drama pasional de una prima que vivía en mi casa en Formosa. Ella se peleó con su novio, que tenía diecinueve años, y él se la tomó con la familia. Fue alcoholizado a mi casa con la intención de asesinarnos. Allí estábamos mi mamá, mi prima y yo. Cuando quise sacarle el arma, me disparó. Desde el suelo escuché otros disparos, con los que acabó con la vida de mi mamá y de mi prima. Después se disparó a sí mismo. 

Me llevaron a Buenos Aires, me operaron, y al cabo de un mes me enteré que mi mamá y mi prima habían muerto, porque para que me recuperara más pronto no me querían contar. Cuando vi por primera vez mi silla de ruedas dije: “Nunca pensé que se haría una silla con mi nombre”, de allí viene el título de mi libro.

Los primeros meses tuve que aprender a moverme. Hice rehabilitación, y aprendí muchas cosas de las personas con quienes compartí. Nunca imaginé que podría vivir una situación así, y para quien se lo imagine por conocerme le digo que jamás se asemejará a vivirlo en realidad. Me armé de valor para sacar toda la valentía que tenía, ni sabía cuánto tenía, eso lo desconocía. Hoy creo que todos tenemos capacidades ocultas que sacamos a relucir únicamente en ciertas circunstancias.

Una vez recuperé la movilidad superior de mi cuerpo (todo menos mis piernas), me puse a estudiar locución, y en el curso conocí al hombre con quien me casé, pero él tuvo un problema cerebral y falleció. Me costó mucho sobreponerme.

¿Por qué decidió escribir un libro?

Mi terapeuta me recomendó que hiciera un taller de escritura porque ella sabía que a mí me gustaba escribir, pensó que me haría bien porque me reuniría con gente con gustos similares y drenaría mis emociones. A mí me costaba mucho expresar mis sentimientos. Eso lo notó ella porque cuando le contaba los sucesos fuertes de mi vida, no le demostraba angustias ni tristeza.

Me enteré que el escritor Orlando Van Bredam ofrecía un taller literario en Formosa, pero las clases eran en un primer piso de un edificio sin ascensor, por esa situación Van Bredam se ofreció a ir a mi casa. Cuando nos reunimos, le mostré lo que había escrito acerca de mi experiencia de vida. Él leyó y le gustó. Eso para mí fue un gran impulso porque él lo miró con su visión de escritor. Me entusiasmó al decirme que sería bueno publicar esa historia, porque era un hecho verídico. Hasta ese momento no había pensado en esa posibilidad.

Comencé a incorporarle detalles al texto. Hice memoria de mis sentimientos en cada etapa. Revivía los hechos de otra manera. Me funcionó como terapia. Así pasé semanas, meses, años, sin escribir, porque temía sufrir más. Creo que muchas veces la gente guarda sus sufrimientos por miedo. Sin embargo, al tiempo, quise continuar, y seguí escribiendo.

Cuando falleció mi marido, sentí convalecer. De a poco pude manejar la situación, y seguí escribiendo. Luego, revisé el texto, lo releí muchas veces, para incorporar más detalles que me sirvieron para entender mejor lo que me había pasado. La escritura me ayudó a hacer contacto con mis emociones, tanto al momento de escribir como a la hora de leer lo escrito.

¿Cómo la apoyó Orlando Van Bredam?

Me leyó y me habló de mi forma de escribir. A medida en que avanzaba le mostraba lo que escribía. Él iba descubriendo de a poco y me daba consejos. Cuando conversábamos notábamos que era diferente lo que yo le contaba y cómo lo escribía. En las páginas mi experiencia tenía otra llegada, al escribir podía ser más yo misma porque lo hacía sin interferencias, sin disfrazar las cosas.

Uno muchas veces escribe sobre cosas tristes porque, como explicaba Van Bredam: “la felicidad habla por sí misma”. Yo escribí más que todo para drenar. Nunca escribí ficción. Creo que mi escritura surgió para algo bueno, bueno para mí y para los que quieran escribir o leer.

Adelaida Gómez y Orlando Van Bredam en la presentación del libro.

Comentarios

Adelaida Gómez dijo…
Agradezco enormemente a Daniel Duque por tan cálido reportaje. Conocerlo y dialogar con él fue una bendición, porque su interés en lo expresado en mi libro es para mí muy valioso. ¡Gracias Daniel!. Adelaida
Teresa dijo…
Nada sucede al azar. Fue una bendición conocerte querida amiga. Me encantó el reportaje y creo que esta semilla que sembraste a través de tu libro ha dado y seguirá dando muchos frutos. Adelante Ade! Un abrazo, Teresa
Graciela dijo…
Adela:yo te conozco personalmente y sos un ejemplo para mí. Siempre te lo dije!! El libro fue una hermosa sorpresa. No pude dejar de leer hasta terminarlo. Es que el libro me atrapó y me ha dejado una gran enseñanza de vida.-
Adelante Amiga. Espero el proximo libro.-
Graciela
Anónimo dijo…
Adela: el libro me atrapó. No pude dejar de leer hasta terminarlo y lo hice en unas pocas horas. Realmente me dejó una gran enseñanza de vida. Espero pronto tu próximo libro.-
Graciela (Fsa)
Anónimo dijo…
Adela hay manera de leer tu libro on line? Conoci tu historia a travez de Juliana Venturini quien es kinesiologa de mi niña Eloisa de 5 años y medio y que esta en silla de ruedas a raiz de un tumor en la medula espinal, y quisiera leerlo para compartir tu historia de valor, coraje y superacion con mi niña. Me llamo Candela

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