Monday, November 02, 2009
Monday, September 28, 2009
Sunday, September 27, 2009
Leo Felipe Campos publica su primer libro

Por Leo Felipe Campos:
"Hace tres años escribí una serie de relatos sobre el sexo en los pueblos, lo hice estimulado por la pornográfica iniciativa de Jorge Sayegh, que suele hacer todo de manera inconciente. Nunca pretendí publicar ese material, su extensión era de 30 o 40 páginas, pero envié los cuentos a algunos amigos vía correo electrónico y, para mi regocijo, cuatro de ellos, tres hombres y una mujer, me respondieron diciendo que se habían excitado mientras leían; incluso uno llegó a confesarme que sufrió (o sintió, o disfrutó, no permití que alcanzara el detalle) una erección incómoda frente a su laptop en la sala de espera de un aeropuerto"...
http://www.mijaragual.com/blog/2009/09/sexo-en-mi-pueblo/
Editado por la nueva editorial:
Ediciones Punto Cero.
http://edicionespuntocero.
Saturday, September 12, 2009
Escribir para drenar fuertes emociones, sanar y dejar una huella imborrable
Entrevista a Adelaida Gómez, autora de Una silla con mi nombre
Aquella mañana de 1939, Elías Canetti se despertó con la boca seca y una odiosa ansiedad que le inundaba el alma. Un rato después, cuando lo llamaron para avisarle que los tanques alemanes habían cruzado la frontera polaca, hizo lo único que podía hacer para intentar el imposible sosiego de esa angustia perfecta que sentía:
se puso a escribir.
Tomado del relato “El sueño angustioso de Canetti”, en “Soñario”, por Mempo Giardinelli, Ed. Edhasa, Buenos Aires, 2008. P. 61.
Adelaida es una mujer con coraje, ejemplo de fortaleza. Supe de ella en un taller de literatura que ofreció el escritor Orlando Van Bredam. Él mencionó el relato autobiógrafico de Adelaida: Una silla con mi nombre, subtitulado: Hay huellas que no las borra el viento ni la lluvia, como un caso especial de los beneficios que puede generar la escritura.
Por mi interés en el tema de la escrituterapia, al terminar el taller hablé con el escritor y le comenté que me interesaba conocer a esta señora, y él amablemente hizo el contacto. Cuando fui a la casa de la amiga que recibía a Adelaida en Buenos Aires, ella me atendió con una sonrisa serena. Su afabilidad me llevó a imaginar cuán sólido debe ser su carácter, lado opuesto de la fragilidad de sus piernas.
Al escribir estas líneas, me vienen ganas de exaltar más a Adelaida quien ha escrito y publicado un libro para ayudarse a sí misma y a quien lo lea, las circunstancias que ella ha tenido que enfrentar, más que mellar su voluntad la alentaron a crear. Podría decir más, pero mejor que sean sus propias palabras las que demuestren la lucidez de esta luchadora en acción.
¿Por qué está en silla de ruedas?
Cuando tenía veintidós años, hace veintiún años, recibí un disparo de bala en el cuello que me dañó la médula espinal. Eso ocurrió a raíz de un drama pasional de una prima que vivía en mi casa en Formosa, en el Barrio Obrero. Ella se peleó con su novio, que tenía diecinueve años, y él se la tomó con la familia, y fue un día alcoholizado a mi casa con la intención de matar a toda la familia. Allí estábamos mi mamá, mi prima y yo. Cuando quise sacarle el arma, él me disparó, luego, caída en el piso, escuché los otros disparos, con los que acabó con la vida de mi mamá y de mi prima. Después se disparó a sí mismo. Cuando yo estaba en el hospital llegó él.
Me llevaron a Buenos Aires, me operaron, y fue al cabo de un mes que me enteré lo de mi mamá y mi prima porque no me querían contar. Cuando vi por primera vez mi silla de ruedas dije: “Nunca pensé que se haría una silla con mi nombre”, de allí viene el título de mi libro.
Los primeros meses tuve que aprender a moverme. Hice rehabilitación en un instituto en Buenos Aires, en donde aprendí muchas cosas de las otras personas con quienes compartí.
Nunca imaginé que podría vivir una situación así, pero aunque uno se lo imagine jamás se asemeja a vivirlo en realidad. Me tuve que armar de valor, o sacar la valentía que tenía y lo desconocía, porque creo que todos tenemos capacidades ocultas que sacamos a relucir únicamente en ciertas circunstancias.
Una vez recuperé la movilidad superior de mi cuerpo (todo menos mis piernas), me puse a estudiar locución, y en el curso conocí al hombre con quien me casé, pero él tuvo un problema congénito en el cerebro y falleció. Esta situación me resultó sumamente difícil, me costó mucho sobreponerme.
¿Por qué decidió escribir un libro?
Mi terapeuta me recomendó que hiciera un taller de escritura porque ella sabía que a mí me gustaba escribir, pensó que me haría bien porque me reuniría con gente con gustos similares a los míos y drenaría mis emociones. A mí me costaba mucho expresar mis sentimientos. Eso lo notó mi terapeuta, porque cuando le contaba algunos sucesos fuertes de mi vida, no le demostraba angustias ni tristeza.
Me enteré que el escritor Orlando Van Bredam ofrecía un taller literario en Formosa, pero las clases eran en un primer piso de un edificio sin ascensor, por esa situación Van Bredam se ofreció a ir a mi casa. Cuando nos reunimos, le mostré lo que había escrito acerca de mi experiencia de vida. Él leyó y le gustó. Eso para mí fue un gran impulso porque él lo miró con su visión de escritor. Me entusiasmó al decirme que sería bueno publicar esa historia, porque era un hecho verídico. Hasta ese momento no había pensado en esa posibilidad.
Comencé a incorporarle más detalles al texto. Hice memoria de mis sentimientos en cada etapa. Revivía los hechos de otra manera. Todo eso me funcionó como una terapia. También pasé semanas, meses, incluso años, sin escribir, porque temía sufrir más. Muchas veces eso es lo que ocurre, la gente busca dejar guardados sus sufrimientos por miedo; pero yo no. Al tiempo quise continuar, y seguí escribiendo.
Cuando falleció mi marido, ese duelo me hizo convalecer. De a poco pude manejar la situación, y seguí escribiendo. Luego, revisé el texto, lo releí cientos de veces, para incorporar más detalles que me sirvieron para entender mejor lo que me había pasado.
La escritura me ayudó a hacer contacto con mis emociones, tanto al momento de escribir como a la hora de leer lo escrito.
¿Cómo la apoyó el escritor Orlando Van Bredam?
Él me leyó y me habló de mi forma de escribir. A medida en que avanzaba le mostraba lo que escribía. Él iba descubriendo de a poco y me daba consejos. Cuando conversábamos notábamos que era diferente lo que yo le contaba y cómo lo escribía. En las páginas mi experiencia tenía otra llegada, al escribir podía ser más yo misma porque lo hacía sin interferencias, sin disfrazar las cosas.
Principalmente, ¿qué impulsó su escritura?
Soy una persona muy creyente. Desde el momento en que comencé a escribir tuve el sostén de Dios. Creo que eso es básico para todo ser humano. Imagino que yo no hubiera tenido la fuerza para enfrentar mi vida sin la ayuda de Dios.
¿Cuál es su mayor deseo con esta obra?
Que la persona que lea el libro pueda encontrarse con su interior. Me alegra cuando los lectores me dicen que hallan relación entre lo que yo viví y su propia vida.
¿Cómo ha sido la reacción de su familia y sus amistades por este libro?
Me sorprendió que a la gente le gustara tanto porque para mí simplemente es mi historia. De hecho, mantuve los nombres originales de los implicados. A la presentación del libro fueron muchísimas personas, incluso varios a quienes conocí en la rehabilitación, y se vendieron 300 ejemplares en menos de un mes. Ahora debo re-editarlo porque se agotó y tengo pedidos. Mi familia y mis amigos están muy contentos, a ellos les agradezco mucho por todo su apoyo.
¿Quiere seguir escribiendo?
Sí, aunque uno muchas veces escribe sobre cosas tristes porque, como explicaba Van Bredam, “la felicidad habla por sí misma”. Yo lo hice más que todo para drenar. Nunca escribí ficción. Me gustaría hacer talleres para poder avanzar. A mí me gusta esto, y, si mi profesor vio en mí ciertas condiciones, quiero mejorarme. Creo que la escritura surgió para algo bueno, bueno para mí y para los que quieran escribir o leer.
Thursday, September 10, 2009
El pibe que arruinaba las fotos

por Hernán Casciari
Esta mañana salió a la venta en España (y la semana que viene en Argentina) una novela que no recuerdo haber escrito nunca. Claro que la escribí yo, palabra por palabra, pero el asunto es que no me di cuenta, hasta hace unos meses, de que aquel montón de historias podían ser una sola. Lo que sí hice, cuando lo supe, fue darles continuidad y ritmo. En eso estuve estos meses de ausencia en Orsai: editando y corrigiendo recuerdos propios. Lo que quedó es, hasta ahora, lo más lindo que escribí en la vida. Y fue sin querer.
seguir leyendo:
http://orsai.es/2009/09/el_pibe_que_arruinaba_las_fotos_1.php
Wednesday, September 09, 2009
Talleres de la Fundación Ethernithas

La Fundación Ethernithas invita a participar en dos talleres orientados hacia el crecimiento personal, uno trabajará desde el arte, el otro lo hará desde la emociones. Ambos constituyen una oportunidad para explorar nuestro interior y adquirir herramientas y conocimientos en el camino de nuestra evolución.
TALLER ART RELAX
Domingo 27 de septiembre
De 9:00 A.M. a 4:30 P.M.
Inversión: Bs. 90,00
Todo lo que existe tiene movimiento. Incluso aquello que no parece moverse vibra muy sutilmente y es capaz de generar sonido. En ese sentido, esta propuesta pretende ser una manera de ver el mundo y expresarlo, experimentando con el cuerpo más allá del movimiento, integrando la voz, los sonidos y las formas literarias al esquema corporal, con el fin de profundizar en las potencialidades creativas y expresivas que cada quien posee en su interior, lo cual permite ahondar en varias disciplinas artísticas de una manera integral.
Este taller crea un espacio de investigación y exploración donde se trabaja la improvisación vocal, corporal y literaria a partir de nociones básicas que serán suministradas a lo largo del curso.
EMOCIONES A NUESTRO FAVOR
Sábado 3 y domingo 4 de octubre
Sábado de 9:00 A.M. a 4:30 P.M.
Domingo de 9:00 A.M. a 1:00 P.M.
Inversión: Bs. 200,00
Existen dos emociones primarias de las cuales se desprenden todas las demás: el Amor y el Temor. ¿Qué está prevaleciendo en nuestras vidas en estos momentos? La forma en que manejemos nuestras emociones incide directamente en todos los aspectos de nuestro ser: en nuestra salud, nuestras relaciones personales, nuestro ambiente laboral, nuestro entorno, por lo tanto es conveniente aprender a manejarlas de forma positiva para que generen en nosotros beneficios y no malestar.
Este taller tiene como finalidad brindar información teórica, acompañada de ejercicios prácticos, para aprender a manejar las emociones de manera que las mismas nos ayuden a construirnos una realidad conectada con la armonía.
--
FUNDACIÓN ETHERNITHAS
El conocimiento es para siempre
Entrevista a Orlando Van Bredam, por Daniel Duque. La escritura como alternativa de sanación
Nació en Villa San Marcial (Entre Ríos, Argentina) en l952. Es profesor en Letras. Tiene a su cargo las cátedras de Teoría Literaria y Literatura Iberoamericana en la Universidad Nacional de Formosa. Ha abordado el cuento, la poesía, la novela, el ensayo y el teatro. Entre sus obras publicadas nombramos: "La estética de Armando Discépolo", "La hoguera Inefable", "Los cielos diferentes", "De mi legajo", “Teoría del Desamparo” novela-Premio Emecé 2007) y “La música en que flotamos” (Finalista del Premio Clarín 2007). Van Bredam ha sido incluido por Mempo Giardinelli en dos antologías nacionales de cuentos. Algunos textos suyos han sido traducidos al portugués y al flamenco. Reside en Formosa.
¿Usted cree que la escritura puede ser una alternativa terapéutica?
Yo he escrito siempre pero descubro que la escritura se constituye en una especie de terapia a partir de una experiencia elaborativa de un texto que terminó convirtiéndose en una novela sin proponérmelo inicialmente. Me refiero a mi obra: “La música en que flotamos”. Allí intenté expulsar lo que me lastimaba, lo que me decepcionaba. Fue una revisión de los afectos, del hecho mismo de escribir. Planteo muchos interrogantes que uno se formula a partir de la creación de un texto.
Muchos ven este libro como auto-referencial, pero los que no me conocen pueden ver otras vidas. De hecho, incluí una historia de amor que no es la mía, es la de un amigo que luego de treinta años volvió a su lugar natal para reencontrar un amor que tuvo en la adolescencia con una prima hermana, bajo la mirada escrutadora de la familia.
En la obra también trato otros temas como quiénes son los escritores que uno debe leer. Me replanteé también la docencia que es mi otro trabajo. La novela se fue convirtiendo de a poco en un testimonio de vida. No quería hacer una novela autobiográfica, en algún momento el personaje se despega y crece como personaje y aparece también la ficción. Narré en tercera persona buscando tomar distancia del personaje, verme como otro. Usé la técnica del anonimato, alteré los nombres reales de los personajes. El distanciamiento me permitió observarme, lo que me sirvió en ese momento de mi vida.
http://www.cunacultura.com.ar/noticias/bredam.php
Amor gay, por Arturo Pérez-Reverte

Nunca antes me había fijado en la cantidad de parejas homosexuales que se ven paseando por Venecia. Los encuentras caminado por los puentes, a la orilla de los canales, cenando en los pequeños restaurantes del casco viejo. No suele tratarse de dúos espectaculares, sino todo lo contrario: gente discreta, tranquila, a menudo con aspecto educado. Mirando a los demás aprendes cantidad de cosas, y en el caso de estas parejas siempre me encanta sorprender sus gestos comedidos de confianza o afecto, el reparto convencional de roles que suele darse entre uno y otro, la ternura contenida que a menudo sientes flotar entre ellos, en su inmovilidad, en sus silencios.
Pensaba en todo eso el otro día, a bordo del vaporetto que cubre el trayecto de San Marcos al Lido. Sobre la laguna soplaba un viento helado, los pasajeros íbamos encogidos de frío, y en un banco de la embarcación había una pareja, hombre y hombre, cuarentones, tranquilos. Se sentaban muy juntos, apoyado discretamente un hombro en el del compañero, en un intento de darse calor. Iban quietos y callados, mirando el agua verdegris y el cielo color ceniza. Y en un momento determinado, cuando el barco hizo un movimiento y la luz y la gama de grises del paisaje se combinaron de pronto con extraordinaria belleza, los ví cambiar una sonrisa rápida, fugaz, parecida a un beso o una caricia.
Parecían felices. Dos tipos con suerte, pensé. Aunque sea dentro de lo que cabe. Porque viéndolos allí, en aquella tarde glacial, a bordo del vaporetto que los llevaba a través de la laguna de esa ciudad cosmopolita, tolerante y sabia, pensé cuántas horas amargas no estarían siendo vengadas en ese momento por aquella sonrisa. Largas adoslescencias dando vueltas por los parques o los cines para descubrir el sexo, mientras otros jóvenes se enamoraban, escribían poemas o bailaban abrazados en las fiestas del Instituto. Noches de echarse a la calle soñando con un príncipe azul de la misma edad, para volver de madrugada, hechos una mierda, llenos de asco y de soledad.
La imposibilidad de decirle a un hombre que tiene los ojos bonitos, o una hermosa voz, porque, en vez de dar las gracias o sonreír, lo más probable es que le parta a uno la cara. Y cuando apetece salir, conocer, hablar, enamorarse o lo que sea, en vez de un café o un bar, verse condenado de por vida a los locales de ambiente, las madrugadas entre cuerpos Danone empastillados, reinonas escandalosas y drag queens de vía estrecha. Salvo que alguno -muchos- lo tenga mal asumido y se autoconfine a la alternativa cutre de la sauna, la sala X, la revista de contactos y la sordidez del urinario público.
A veces pienso en lo afortunado, o lo sólido, o lo entero, que debe de ser un homosexual que consigue llegar a los cuarenta sin odiar desaforadamente a esta sociedad hipócrita, obsesionada por averiguar, juzgar y condenar con quién se mete, o no se mete, en la cama. Envidio la ecuanimidad, la sangre fría, de quien puede mantenerse sereno y seguir viviendo como si tal cosa, sin rencor, a lo suyo, en vez de echarse a la calle a volarle los huevos a la gente que por activa o por pasiva ha destrozado su vida, y sigue destrozando la de los chicos de catorce o quince años que a diario, todavía hoy, siguen teniéndolo igual que él lo tuvo: las mismas angustias, los mismos chistes de maricones en la tele, el mismo desprecio alrededor, la misma soledad y la misma amargura.
Envidio la lucidez y la calma de quienes, a pesar de todo, se mantienen fieles a sí mismos, sin estridencias pero también sin complejos, seres humanos por encima de todo. Gente que en tiempos como éstos, cuando todo el mundo, partidos, comunidades, grupos sociales, reivindica sus correspondientes deudas históricas, podría argumentar, con más derecho que muchos, la deuda impagada de tantos años de adolescencia perdidos, tantos golpes y vejaciones sufridas sin haber cometido jamás delito alguno, tanta rechifla y tanta afrenta grosera infligida por gentuza que, no ya en lo intelectual, sino en lo puramente humano, se encuentra a un nivel abyecto, muy por debajo del suyo. Pensaba en todo eso mientras el barquito cruzaba la laguna y la pareja se mantenía inmóvil, el uno contra el otro, hombro con hombro. Y antes de volver a lo mío y olvidarlos, me pregunté cuantos fantasmas atormentados, cuántas infelices almas errantes no habrían dado cualquier cosa, incluso la vida, por estar en su lugar. Por estar allí, en Venecia, dándose calor en aquella fría tarde de sus vidas.

