25.1.12

Taller de Comunicación e Integración del equipo de trabajo



Este Taller permitirá alcanzar mejoras en tres aspectos clave:

Comunicación: Sensibilizar al equipo sobre la importancia de alinearse en torno a un mismo objetivo, generando una comunicación clara y efectiva entre sus miembros.

Cooperación: Crear redes o cadenas de trabajo para estrechar vínculos entre las distintas unidades funcionales de la Organización.

Coordinación: Establecer mecanismos de funcionamiento y acuerdos para concretar labores integrales con una visión sistémica.


Criterios de ejecución técnica y profesional 

1.1. Aplicación de metodología de aprendizaje acelerado para adultos.
1.2. Manejo de audiencia con un máximo de 18 participantes.
1.3. Diseño de taller adaptado a la Organización
1.4. Cada día de facilitación se estima sobre la base de 8 horas. 
1.5. Cada sesión contempla un mínimo de 2 facilitadores expertos en sala.
1.6. Una semana después de facilitado el Taller, se entregará un informe diagnóstico a los directivos de la Organización.

Dirigido a: Organizaciones con equipos con problemas de comunicación, en las que cada miembro tiene posturas muy arraigadas que difieren del resto, con pugnas de poder, o en las que no se tiene claro el Plan Estratégico o las acciones para lograrlo no fluyen entre los miembros.

Nota especial: Esta intervención representa una primera etapa para atender las necesidades del equipo de trabajo. Es recomendable profundizar aplicando acciones adicionales que surgirán después de este primer taller, entendiendo que son procesos humanos que llevan tiempo y se internalizan de manera individual.

Daniel Duque.

Gracias por leer.

Para mayor información: daniel@escribarte, en Twitter: @escribarte

6.6.11

El gran desafío en la actualidad es retener / motivar al talento humano



Según un estudio reciente de Spencer Stuart, consultora de recursos humanos, de 1.000 ejecutivos encuestados más del 75% había explorado nuevas oportunidades y el 25% realizaron cambios laborales.


Los motivos que inducen a aceptar otros horizontes se originan en percepciones varias, como que la empresa no tiene interés en mejorar la calidad de vida ni las condiciones laborales, o bien, se nota una apatía por parte de los dueños de la organización en relación a asuntos que para el trabajador resultan clave.

“En este contexto, el mayor reto de las empresas es hacer atractiva su organización. Los trabajadores son cada vez más exigentes, quieren sentirse cómodos y hacer una diferencia tangible”, afirma la consultora.

Un empleo es realmente atractivo cuando tiene una estrategia y una dirección clara, cuenta con valores culturales establecidos por todos sus miembros, permite la participación, y otorga posibilidades de crecimiento en todo sentido.

Por ello, es tan importante conocer el clima organizacional a través de instrumentos varios aplicados a los trabajadores, debido a que los resultados pueden ser capitalizados para influir de manera positiva en la productividad de la empresa.

La comunicación es vital para generar una diferencia entre una empresa motivada y con un buen desempeño, y una organización en total caos.

Los invitamos a conocer nuestros servicios de consultoría comunicacional para organizaciones, capacitaciones. En Escribarte ofrecemos herramientas para generar publicaciones y programas en comunicación.

Adelante: http://www.escribarte.com/servicios.php

Por: Dubraska Ollarves
Fuente: http://www.spencerstuart.com/

16.5.11

Construimos nuestros juicios y ellos nos construyen a nosotros. Coaching para todos.



Siguiendo a Oscar Anzorena (Director de DPO Consulting http://www.dpoconsulting.com/), un juicio es una interpretación o valoración que expresa la perspectiva de una persona acerca de un sujeto, objeto o suceso. Por ello, un juicio viene a ser una mera opinión que declara nuestra posición en relación a determinado evento.

Mediante los juicios nos damos a conocer al mundo, damos cuenta de nuestras preferencias, valores, convicciones. Los juicios guían nuestro recorrido en la vida, constituyen lo que somos. Como enjuiciamos al mundo también nos enjuiciamos a nosotros mismos. Nos creemos nuestros juicios. “soy acelerado”, “soy impulsivo”, y por esa justa razón se nos hace complicado escapar de ese accionar y vivimos en una eterna compulsión a la repetición.

Jamás dejamos de juzgar, no existe la neutralidad en nuestra vida. De forma evidente o sutil o subrepticia, los juicios inciden en cada una de nuestras acciones, y son nuestra base para escoger las decisiones que tomamos (incluyendo las que dejamos de tomar).

Es crucial tomar en cuenta que cada juicio es de una tipología particular, y que ello va a incidir en nuestra efectividad y calidad de acción. Una clasificación general los determina como juicios facilitadores o limitantes, dependiendo de las posibilidades que abran o cierran en nuestras vidas.

Nuestra forma de observar el mundo es la que sienta la estructura para la formación de nuestros juicios (facilitadores o limitantes), y nuestra capacidad como observadores depende del modelo mental que hayamos construido para nosotros. Conformado por nuestra estructura cognitiva, emocional y psíquica que determina lo que nos resulta posible o imposible. Entonces tenemos que los juicios nos permiten observar el tipo de observador que somos, cuáles son nuestros criterios mentales. Mejor no lo pudo decir Nietzsche: “Toda idea es siempre dicha por alguien que al emitirla revela quién es”.

Miguel Server nos alerta: “Cada cual es como Dios lo ha hecho, pero llega a ser como él mismo se hace”. Nosotros no escogemos nacer de determinado sexo, clase social, nacionalidad, religión, color de piel… pero sí podemos cambiar todo eso en el transcurso de nuestras vidas a partir de la relación que tengamos con nuestros modelos mentales, creadores de los observadores y juzgadores que somos.
       
Allí consiste la maravilla de la vida, todos podemos desarrollar la llamada “madre de las competencias”: aprender a aprender, y llegar a ser como queremos ser.

“El país de las oportunidades es más que un lugar… es la apertura a nuevas ideas, la predisposición a escuchar, la ilusión de aprender, el deseo de crecer y la flexibilidad de cambiar”. Bárbara Hateley

“Lo más emocionante del futuro es que podemos crearlo”. Charles Mandy.

Gracias por leer.

Daniel Duque, daniel@escribarte, en Twitter: @escribarte

Anímate a invitar a tus amigos a pertenecer al grupo de Escribarte en Facebook, ya somos casi 700:

29.4.11

La importante misión de generar empresas más humanas




La Responsabilidad Social Empresarial (RSE) consiste en el accionar responsable de la empresa en todos sus ámbitos, es decir, cómo se relaciona la organización con sus “stakeholders” (primarios y secundarios), háblese de sus accionistas, empleados, clientes, proveedores, medios de comunicación, ONG’s; entre otros.

Las organizaciones que asumen la RSE como una prioridad, son las que se preguntan ¿cómo actúo?, y se responden con seriedad y consciencia. Obviamente estas empresas socialmente responsables le transmiten a la sociedad unos valores distintos a las que no lo son. 



En la Conferencia Internacional “Cambio e Innovación para un futuro sostenible” organizada por el IARSE (Institutito Argentino de RSE: http://www.iarse.org/new_site/site/index.php?put=home, en la que participó también el Instituto Ethos, encargado de regir la RSE en Brasil: http://www.ethos.org.br/)realizada el 13 y 14 de abril en la ciudad de Buenos Aires, se sostuvo como idea principal que la palabra organización proviene de órgano, el cual es un ente activo que sólo funciona cuando está en unión armoniosa con el resto del cuerpo (su contexto). Por lo que la sustentatibilidad de todo ser viviente depende de cada una de sus partes. Es decir, que si no hay integridad, no es posible el progreso.

En Escribarte nuestro tema principal es la comunicación, tomemos en cuenta que la comunicación y la RSE se complementan. Marcelo Paladino establece como objetivos principales que se comunique el bien que se hace, no lo buena que la empresa puede ser, ya que lo que la sociedad necesita son ejemplos de prácticas positivas, que impacten la cultura y los valores. A la vez es crucial la veracidad, no se debe incurrir en el manejo del Marketing Social, y menos aún transmitir asuntos que no sean comprobables. 

Para conocer más acerca de este tema tan necesario y por demás interesante, los invitamos a leer los artículos publicados en la web de Human Solutions International: http://www.mbshumansolutions.com/articulos.php, organización aliada con la que venimos desarrollando la importante misión de generar empresas más humanas.

Gracias por leer.

Daniel Duque 
@escribarte


Fotografías de Human Solutions Internacional y Escribarte ofreciendo el Taller: “Construye y Difunde la Gestión Social Empresarial”.

12.4.11

La buena puntuación


Una anécdota, atribuida a Carlos V, cuenta que al mandatario se le pasó una sentencia para que estampara su firma, la cual decía:

"Perdón imposible, que cumpla su condena".

El monarca se conmovió, y antes de firmarla, movió la coma de sitio:

"Perdón, imposible que cumpla su condena".

Y de ese modo, una coma cambió la suerte del condenado.

Al igual que las normas ortográficas que nos enseñan a manejar las ges y las haches, o las bes; la puntuación es clave para la comunicación escrita efectiva. Sus fallos redundan en la mala imagen de quien los ha cometido; y hacen que el resultado sea poco comprensible o equívoco. Todos hemos atravesado la mala situación de tratar de comprender un texto mal puntuado, por ello es tan importante que nos centremos en escribir lo mejor que podamos.

En Escribarte ofrecemos nuestros servicios de:

• Correcciones (de ortografía, de estilo y de prueba).

• Evaluaciones de textos (informes de lectura).

Para mayor información, escríbanos a: info@escribarte.com

1.4.11

Taller: “Construye y Difunde la Gestión Social Empresarial” por Human Solutions International y Escribarte



Oportunidad para aprender a construir y difundir la Gestión Social Empresarial

Human Solutions Internacional y Escribarte invitan a participar el jueves 7 de abril de 2011 en el Taller: “Construye y Difunde la Gestión Social Empresarial”, que se llevará a cabo en Caracas, en la Cámara Venezolano Española de Industria y Comercio (CAVESPA), ubicada en la Av. Francisco de Miranda, Edif. Parque Cristal, Torre Este, Piso 9, oficina TOP 9-9, Los Palos Grandes.



El Taller le permitirá a los participantes reconocerse como individuos activos de la sociedad, tomar conciencia del valor de la responsabilidad social como factor clave para llevar una relación coherente con nuestra realidad circundante, y a la vez aprender acerca de la forma de comunicarlo profesionalmente, con una visión integral.



La difusión de la Gestión Social Empresarial tiene como objetivo afrontar con determinación la situación socio-económica mundial, logrando resultados que ayuden a fomentar el bienestar social de las organizaciones y su entorno, además de incentivar, motivar y activar al colectivo, estableciendo mejores vínculos entre los diferentes sectores sociales.



Va dirigido a gerentes y profesionales interesados en las áreas de Responsabilidad Social Empresarial o Gestión Humana, Planificación Estratégica, Relaciones Institucionales, y Comunicaciones Corporativas.



El taller será facilitado por Adelmary Salgueiro, Consultora en Responsabilidad Social, Facilitadora experta en aprendizaje acelerado para adultos con amplia experiencia en procesos de gestión humana; y por Daniel Duque, Asesor en comunicaciones estratégicas, articulista de medios de comunicación de Argentina, Chile, España y Venezuela; y autor de varios libros.

Contenido del Taller

* Importancia de conocerse a sí mismo y sustentarse en valores
* Valor de la Responsabilidad Social (RS)
* Visión integral de la RS y su implantación en la realidad cotidiana
* Ventajas de contar con una estrategia comunicacional que acompañe las acciones de RS
* Habilidades requeridas para un óptimo manejo de las comunicaciones estratégicas de la RS
* Nociones básicas del planeamiento comunicacional de la RS

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Human Solutions International es una organización que se dedica a contribuir con el desarrollo de empresas más humanas, generando crecimiento para la gente, valor para el negocio y beneficios para la comunidad. Sus servicios se fundamentan en: Formación en gestión social empresarial a través del programa Individuo Socialmente Responsable, diseño e implantación de plataformas de aprendizaje y desarrollo de una estrategia eficaz de gestión del desempeño de las personas en la organización. Ha trabajado para Empresas Polar, Fundación Empresas Polar, Net Uno, entre otras.
Web: http://www.mbshumansolutions.com

Escribarte es una consultora que desde el 2004 ofrece soluciones comunicacionales mediante sus 3 áreas de acción: Publicaciones, Capacitaciones y Programas de Comunicación. Entre sus clientes están: VIP Travel Consultant, Talentos en Acción Latinoamérica y El Diario El Universal.
Web: http://www.escribarte.com/

Para mayor información acerca del Taller, por favor, comunicarse con Dubraska Ollarves a través del (0212) 715.52.05/(0416)216.22.30/(0414)282.79.42 y por el correo electrónico dollarves@escribarte.com.

9.3.11

Historias de taxis y mototaxis, en la Revista 20 Mundos número 11


http://www.veintemundos.com/magazines/11-en/historias-de-taxi/
Si te da pereza leer, este artículo también lo puedes escuchar.

Acá está la revista entera:
http://www.veintemundos.com/magazines/11-en/

18.2.11

Aprender a crear, y a publicar lo creado




Elizabeth Gilbert (autora de Comer, rezar, amar) comparte el secreto de su éxito. La segunda parte del video al final de este artículo. 

Aprender a crear (en cualquier área) consiste en reconocer las fortalezas que cada uno de nosotros tiene. Crear es un acto de amor a la libertad; en su senda hay que avanzar sobre muchos obstáculos, sólo así se puede progresar. 

En la escritura, todo aquel que decide publicar un texto, debe sobreponerse a sus dudas, a menudo muy razonables, y entregarse y entregar.

Los autores para quienes hemos trabajado en Escribarte, suelen pensar que con más elaboración su obra quedará mejor. Ellos muchas veces sienten que necesitan un gran apoyo para realzar los conceptos que consideran importantes, o suavizar las ampulosidades reales / imaginarias. 

Nosotros en Escribarte, con nuestro servicio de Publicaciones, hacemos todo lo posible para apoyar a quienes quieren dar a conocer sus pensamientos mediante la palabra escrita. Nuestro trabajo consiste en acompañar hasta la edición de la obra, recordando siempre que para editar (“dar a luz”), se requiere un compromiso sostenido y sustancial por parte de todos los involucrados, y así se cursa un proceso en el que la creatividad juega un rol estelar. 

Hilda Cañeque en su obra Alta creatividad (Pearson, Buenos Aires, 2008) nos recuerda que “creer” y “crear” son verbos que tienen la misma raíz, que se acompañan en sus significados: sin creer no es posible crear. Ella, en la obra mencionada, nos regala este acróstico de la palabra creatividad, el cual fue creado por la escritora argentina Luisa Peluffo:

Crear
Rompe
Esquemas
Anula
Timidez
Instaura
Vida
Integra
Dones
Ahorra
Disgustos

Así tenemos que con razón escribe Gay Talese en Vida de un Escritor (Aguilar, Bogotá, 2006) que “con frecuencia, escribir es como conducir un camión por la noche sin luces, perderse en medio de la carretera y pasar una década en una zanja”. 
Goethe, al respecto, nos inspira, para que logremos rebatir el temor de dar el paso de dar a luz nuestro trabajo. Sus palabras: “Cualquier cosa que puedas hacer o que sientas que puedes hacer, comiénzala y síguela. La audacia lleva en su seno el genio, el poder, el poder y la magia”. 
En Escribarte los invitamos a animarse a crear, para ello les ofrecemos inscribirse en nuestro taller que impartimos de manera on-line: De palabras a relatos

Que el divino espíritu creativo, o la bien llamada “musa”, corra o vuele con nosotros, ahora y siempre.

Daniel Duque
@escribarte

24.1.11

Prosumers (prosumidores) en el primer plano



“Hoy, Facebook sirve a más de 500 millones de personas alrededor del mundo. Es un gran número, pero para nosotros significa que recién comenzamos en nuestra meta de conectar a todos”, declaró hace más de un año Mark Zuckerberg (creador de Facebook).

Las tendencias internáuticas están hoy en día guiadas por el rol que juegan los "prosumers" o “prosumidores”, quienes son consumidores y a la vez productores de la información.

Los blogs, fotologs, Facebook, Twitter, YouTube, LinkedIn… son los grandes escenarios. 

Interacción es la clave de este juego en el que tanto usted, que lee, como yo, que escribo esto, estamos involucrados.

El prosumer tiene un poder que aún se subestima. Por ejemplo, un cliente decepcionado podría ejecutar una campaña de desprestigio en menos de una hora usando las redes sociales. Esto no es únicamente amenazante, también representa una gran oportunidad retadora para las empresas, ONG’s, medios de comunicación, periodistas independientes, agencias de comunicación y RRPP, políticos, y, en general, para todos. El punto es aprender a aprovechar lo ventajoso de esta situación.

Los jugadores que establezcan vínculos comunicacionales certeros con sus destinatarios alcanzarán los mejores resultados. Y la base de la comunicación es  la on-line. Hace ya varios años, en 2008, el editor del New York Times declaró que no le quitaba el sueño que desapareciera su edición impresa, porque ellos han movido gran parte de su plataforma al mundo virtual. A finales de 2010 dieron declaraciones que aproximadamente para 2015, dejarán de imprimir:

Los nuevos medios de comunicación de la era internáutica, además de ser gratuitos y de fácil creación, ofrecen la oportunidad de publicar información cada minuto y permiten la retroalimentación inmediata, en cualquier momento se puede incluir información complementaria. Todo esto se les imposibilita a los medios impresos.

Otro tema interesante en relación a las comunicaciones con base en Internet es el de las pautas publicitarias. Internet ofrece mecanismos que facilitan la medición exacta del impacto de las publicidades, las estadísticas aclaran la cantidad de visitas, los recorridos de navegación, tiempos de observación, y más. 

Escribarte brinda asesoría acerca de las posibilidades de las comunicaciones on-line. Los invitamos a agregarnos como amigo (Escribarte Soluciones Comunicacionales) como también a integrarse a nuestro grupo de Facebook:
y de LinkedIn:

Y sigamos interconectados.

Daniel Duque

13.1.11

Devórate el mundo a través del Aprendizaje Acelerado

Al dejar a un lado la enseñanza tradicional y proponer nuevos métodos que tomen en cuenta los diferentes estilos de aprendizaje, surge una dinámica innovadora, una forma de transmitir el conocimiento de manera más divertida e interesante.

El método de Aprendizaje Acelerado, o Sugestopedia, fue creado por el científico búlgaro, Georgi Lozanov, quién se basaba en su exposición de que “la capacidad de aprender y recordar que posee el ser humano es prácticamente ilimitada, si se aprovechan las reservas de la mente”.

Partiendo de esta premisa de Lozanov, el reconocido escritor y maestro George Leonard, plantea utilizar de manera integral el cuerpo y el cerebro considerando que “la capacidad creadora del cerebro puede ser infinita, pero tenemos que aprender a aprender”.

Antes que todo hay que considerar que existen ciertos factores que dificultan el aprendizaje como:

• El insomnio o el dormir menos de las 8 horas afecta la habilidad para recordar al día siguiente.

• El estrés bloquea la producción de ondas alfas en el cerebro dificultando la concentración y la creatividad.

• Las situaciones y los mensajes negativos que el emisor le brinda al receptor dificultan el aprendizaje y la elaboración de trabajos que implican concentración.

• Es recomendable para un buen funcionamiento del cerebro tener una buena hidratación, hacer ejercicios, consumir alimentos ricos en proteínas y realizar actividades de relajación.

Por este racionamiento, Escribarte Soluciones Comunicacionales aplica en sus capacitaciones dinámicas, juegos y técnicas para facilitar la enseñanza, diseñados especialmente para los diferentes estilos de aprendizaje. Tal es el caso del taller “Construye y difunde la Gestión Social Empresarial” que ofrece Escribarte en unión con MBS Human Solutions International, en el que se lleva a la práctica la teoría del Aprendizaje Acelerado para Adultos, por lo que se le brinda a los asistentes la oportunidad de aprender a aprender contando con un ambiente amigable que le dará confianza y confort.

Para mayor información de nuestros talleres visítennos:

http://www.escribarte.com/

http://www.mbshumansolutions.com/

Por Dubraska Ollarves

dollarves@escribarte.com


10.1.11

30.12.10

¡FELICIDADES! Les desea todo el equipo Escribarte


Pasamos dos terceras partes de nuestras vidas haciendo estas cuatro cosas: 

leyendo, escribiendo, escuchando y hablando. 

Nuestro deseo de bienvenida para este 2011 que empieza es que aprendamos a comunicarnos mejor, 
para que así vivamos más plenamente.

¡FELICIDADES! 
Les desea todo el equipo Escribarte

17.12.10

"Elogio de la lectura y la ficción", discurso de Mario Vargas Llosa, en ocasión de recibir el Premio Nobel de Literatura 2010


"Aprendí a leer a los cinco años, en la clase del hermano Justiniano, en el Colegio de la Salle, en Cochabamba (Bolivia). Es la cosa más importante que me ha pasado en la vida. Casi setenta años después recuerdo con nitidez cómo esa magia, traducir en imágenes las palabras de los libros, enriqueció mi vida, rompiendo las barreras del tiempo y del espacio y permitiéndome viajar con el capitán Nemo veinte mil leguas de viaje submarino, luchar junto a d’Artagnan, Athos, Portos y Aramís contra las intrigas que amenazan a la Reina en los tiempos del sinuoso Richelieu, o arrastrarme por las entrañas de París, convertido en Jean Valjean, con el cuerpo inerte de Marius a cuestas.

La lectura convertía el sueño en vida y la vida en sueño y ponía al alcance del pedacito de hombre que era yo el universo de la literatura. Mi madre me contó que las primeras cosas que escribí fueron continuaciones de las historias que leía pues me apenaba que se terminaran o quería enmendarles el final. Y acaso sea eso lo que me he pasado la vida haciendo sin saberlo: prolongando en el tiempo, mientras crecía, maduraba y envejecía, las historias que llenaron mi infancia de exaltación y de aventuras.

Me gustaría que mi madre estuviera aquí, ella que solía emocionarse y llorar leyendo los poemas de Amado Nervo y de Pablo Neruda, y también el abuelo Pedro, de gran nariz y calva reluciente, que celebraba mis versos, y el tío Lucho que tanto me animó a volcarme en cuerpo y alma a escribir aunque la literatura, en aquel tiempo y lugar, alimentara tan mal a sus cultores. Toda la vida he tenido a mi lado gentes así, que me querían y alentaban, y me contagiaban su fe cuando dudaba. Gracias a ellos y, sin duda, también, a mi terquedad y algo de suerte, he podido dedicar buena parte de mi tiempo a esta pasión, vicio y maravilla que es escribir, crear una vida paralela donde refugiarnos contra la adversidad, que vuelve natural lo extraordinario y extraordinario lo natural, disipa el caos, embellece lo feo, eterniza el instante y torna la muerte un espectáculo pasajero.

No era fácil escribir historias. Al volverse palabras, los proyectos se marchitaban en el papel y las ideas e imágenes desfallecían. ¿Cómo reanimarlos? Por fortuna, allí estaban los maestros para aprender de ellos y seguir su ejemplo. Flaubert me enseñó que el talento es una disciplina tenaz y una larga paciencia. Faulkner, que es la forma –la escritura y la estructura– lo que engrandece o empobrece los temas.

Martorell, Cervantes, Dickens, Balzac, Tolstoi, Conrad, Thomas Mann, que el número y la ambición son tan importantes en una novela como la destreza estilística y la estrategia narrativa. Sartre, que las palabras son actos y que una novela, una obra de teatro, un ensayo, comprometidos con la actualidad y las mejores opciones, pueden cambiar el curso de la historia. Camus y Orwell, que una literatura desprovista de moral es inhumana y Malraux que el heroísmo y la épica cabían en la actualidad tanto como en el tiempo de los argonautas, la Odisea y la Ilíada.

Si convocara en este discurso a todos los escritores a los que debo algo o mucho sus sombras nos sumirían en la oscuridad. Son innumerables. Además de revelarme los secretos del oficio de contar, me hicieron explorar los abismos de lo humano, admirar sus hazañas y horrorizarme con sus desvaríos. Fueron los amigos más serviciales, los animadores de mi vocación, en cuyos libros descubrí que, aun en las peores circunstancias, hay esperanzas y que vale la pena vivir, aunque fuera sólo porque sin la vida no podríamos leer ni fantasear historias.

Algunas veces me pregunté si en países como el mío, con escasos lectores y tantos pobres, analfabetos e injusticias, donde la cultura era privilegio de tan pocos, escribir no era un lujo solipsista. Pero estas dudas nunca asfixiaron mi vocación y seguí siempre escribiendo, incluso en aquellos períodos en que los trabajos alimenticios absorbían casi todo mi tiempo. Creo que hice lo justo, pues, si para que la literatura florezca en una sociedad fuera requisito alcanzar primero la alta cultura, la libertad, la prosperidad y la justicia, ella no hubiera existido nunca. Por el contrario, gracias a la literatura, a las conciencias que formó, a los deseos y anhelos que inspiró, al desencanto de lo real con que volvemos del viaje a una bella fantasía, la civilización es ahora menos cruel que cuando los contadores de cuentos comenzaron a humanizar la vida con sus fábulas. Seríamos peores de lo que somos sin los buenos libros que leímos, más conformistas, menos inquietos e insumisos y el espíritu crítico, motor del progreso, ni siquiera existiría. Igual que escribir, leer es protestar contra las insuficiencias de la vida.

Quien busca en la ficción lo que no tiene, dice, sin necesidad de decirlo, ni siquiera saberlo, que la vida tal como es no nos basta para colmar nuestra sed de absoluto, fundamento de la condición humana, y que debería ser mejor. Inventamos las ficciones para poder vivir de alguna manera las muchas vidas que quisiéramos tener cuando apenas disponemos de una sola.

Sin las ficciones seríamos menos conscientes de la importancia de la libertad para que la vida sea vivible y del infierno en que se convierte cuando es conculcada por un tirano, una ideología o una religión. Quienes dudan de que la literatura, además de sumirnos en el sueño de la belleza y la felicidad, nos alerta contra toda forma de opresión, pregúntense por qué todos los regímenes empeñados en controlar la conducta de los ciudadanos de la cuna a la tumba, la temen tanto que establecen sistemas de censura para reprimirla y vigilan con tanta suspicacia a los escritores independientes. Lo hacen porque saben el riesgo que corren dejando que la imaginación discurra por los libros, lo sediciosas que se vuelven las ficciones cuando el lector coteja la libertad que las hace posibles y que en ellas se ejerce, con el oscurantismo y el miedo que lo acechan en el mundo real. Lo quieran o no, lo sepan o no, los fabuladores, al inventar historias, propagan la insatisfacción, mostrando que el mundo está mal hecho, que la vida de la fantasía es más rica que la de la rutina cotidiana. Esa comprobación, si echa raíces en la sensibilidad y la conciencia, vuelve a los ciudadanos más difíciles de manipular, de aceptar las mentiras de quienes quisieran hacerles creer que, entre barrotes, inquisidores y carceleros viven más seguros y mejor.

La buena literatura tiende puentes entre gentes distintas y, haciéndonos gozar, sufrir o sorprendernos, nos une por debajo de las lenguas, creencias, usos, costumbres y prejuicios que nos separan. Cuando la gran ballena blanca sepulta al capitán Ahab en el mar, se encoge el corazón de los lectores idénticamente en Tokio, Lima o Tombuctú. Cuando Emma Bovary se traga el arsénico, Anna Karenina se arroja al tren y Julián Sorel sube al patíbulo, y cuando, en El Sur, el urbano doctor Juan Dahlmann sale de aquella pulpería de la pampa a enfrentarse al cuchillo de un matón, o advertimos que todos los pobladores de Comala, el pueblo de Pedro Páramo, están muertos, el estremecimiento es semejante en el lector que adora a Buda, Confucio, Cristo, Alá o es un agnóstico, vista saco y corbata, chilaba, kimono o bombachas. La literatura crea una fraternidad dentro de la diversidad humana y eclipsa las fronteras que erigen entre hombres y mujeres la ignorancia, las ideologías, las religiones, los idiomas y la estupidez.

Como todas las épocas han tenido sus espantos, la nuestra es la de los fanáticos, la de los terroristas suicidas, antigua especie convencida de que matando se gana el paraíso, que la sangre de los inocentes lava las afrentas colectivas, corrige las injusticias e impone la verdad sobre las falsas creencias. Innumerables víctimas son inmoladas cada día en diversos lugares del mundo por quienes se sienten poseedores de verdades absolutas. Creíamos que, con el desplome de los imperios totalitarios, la convivencia, la paz, el pluralismo, los derechos humanos, se impondrían y el mundo dejaría atrás los holocaustos, genocidios, invasiones y guerras de exterminio. Nada de eso ha ocurrido. Nuevas formas de barbarie proliferan atizadas por el fanatismo y, con la multiplicación de armas de destrucción masiva, no se puede excluir que cualquier grupúsculo de enloquecidos redentores provoque un día un cataclismo nuclear. Hay que salirles al paso, enfrentarlos y derrotarlos. No son muchos, aunque el estruendo de sus crímenes retumbe por todo el planeta y nos abrumen de horror las pesadillas que provocan. No debemos dejarnos intimidar por quienes quisieran arrebatarnos la libertad que hemos ido conquistando en la larga hazaña de la civilización. Defendamos la democracia liberal, que, con todas sus limitaciones, sigue significando el pluralismo político, la convivencia, la tolerancia, los derechos humanos, el respeto a la crítica, la legalidad, las elecciones libres, la alternancia en el poder, todo aquello que nos ha ido sacando de la vida feral y acercándonos –aunque nunca llegaremos a alcanzarla– a la hermosa y perfecta vida que finge la literatura, aquella que sólo inventándola, escribiéndola y leyéndola podemos merecer. Enfrentándonos a los fanáticos homicidas defendemos nuestro derecho a soñar y a hacer nuestros sueños realidad.

En mi juventud, como muchos escritores de mi generación, fui marxista y creí que el socialismo sería el remedio para la explotación y las injusticias sociales que arreciaban en mi país, América Latina y el resto del Tercer Mundo. Mi decepción del estatismo y el colectivismo y mi tránsito hacia el demócrata y el liberal que soy –que trato de ser– fue largo, difícil, y se llevó a cabo despacio y a raíz de episodios como la conversión de la Revolución Cubana, que me había entusiasmado al principio, al modelo autoritario y vertical de la Unión Soviética, el testimonio de los disidentes que conseguía escurrirse entre las alambradas del Gulag, la invasión de Checoeslovaquia por los países del Pacto de Varsovia, y gracias a pensadores como Raymond Aron, Jean-François Revel, Isaiah Berlin y Karl Popper, a quienes debo mi revalorización de la cultura democrática y de las sociedades abiertas. Esos maestros fueron un ejemplo de lucidez y gallardía cuando la intelligentsia de Occidente parecía, por frivolidad u oportunismo, haber sucumbido al hechizo del socialismo soviético, o, peor todavía, al aquelarre sanguinario de la revolución cultural china.

De niño soñaba con llegar algún día a París porque, deslumbrado con la literatura francesa, creía que vivir allí y respirar el aire que respiraron Balzac, Stendhal, Baudelaire, Proust, me ayudaría a convertirme en un verdadero escritor, que si no salía del Perú sólo sería un seudo escritor de días domingos y feriados. Y la verdad es que debo a Francia, a la cultura francesa, enseñanzas inolvidables, como que la literatura es tanto una vocación como una disciplina, un trabajo y una terquedad. Viví allí cuando Sartre y Camus estaban vivos y escribiendo, en los años de Ionesco, Beckett, Bataille y Cioran, del descubrimiento del teatro de Brecht y el cine de Ingmar Bergman, el TNP de Jean Vilar y el Odéon de Jean Louis Barrault, de la Nouvelle Vague y le Nouveau Roman y los discursos, bellísimas piezas literarias, de André Malraux, y, tal vez, el espectáculo más teatral de la Europa de aquel tiempo, las conferencias de prensa y los truenos olímpicos del general de Gaulle. Pero, acaso, lo que más le agradezco a Francia sea el descubrimiento de América Latina. Allí aprendí que el Perú era parte de una vasta comunidad a la que hermanaban la historia, la geografía, la problemática social y política, una cierta manera de ser y la sabrosa lengua en que hablaba y escribía. Y que en esos mismos años producía una literatura novedosa y pujante. Allí leí a Borges, a Octavio Paz, Cortázar, García Márquez, Fuentes, Cabrera Infante, Rulfo, Onetti, Carpentier, Edwards, Donoso y muchos otros, cuyos escritos estaban revolucionando la narrativa en lengua española y gracias a los cuales Europa y buena parte del mundo descubrían que América Latina no era sólo el continente de los golpes de Estado, los caudillos de opereta, los guerrilleros barbudos y las maracas del mambo y el chachachá, sino también ideas, formas artísticas y fantasías literarias que trascendían lo pintoresco y hablaban un lenguaje universal.
De entonces a esta época, no sin tropiezos y resbalones, América Latina ha ido progresando, aunque, como decía el verso de César Vallejo, todavía “Hay, hermanos, muchísimo que hacer”. Padecemos menos dictaduras que antaño, sólo Cuba y su candidata a secundarla, Venezuela, y algunas seudodemocracias populistas y payasas, como las de Bolivia y Nicaragua. Pero en el resto del continente, mal que mal, la democracia está funcionando, apoyada en amplios consensos populares, y, por primera vez en nuestra historia, tenemos una izquierda y una derecha que, como en Brasil, Chile, Uruguay, Perú, Colombia, República Dominicana, México y casi todo Centroamérica, respetan la legalidad, la libertad de crítica, las elecciones y la renovación en el poder. Ése es el buen camino y, si persevera en él, combate la insidiosa corrupción y sigue integrándose al mundo, América Latina dejará por fin de ser el continente del futuro y pasará a serlo del presente.

Nunca me he sentido un extranjero en Europa, ni, en verdad, en ninguna parte. En todos los lugares donde he vivido, en París, en Londres, en Barcelona, en Madrid, en Berlín, en Washington, Nueva York, Brasil o la República Dominicana, me sentí en mi casa. Siempre he hallado una querencia donde podía vivir en paz y trabajando, aprender cosas, alentar ilusiones, encontrar amigos, buenas lecturas y temas para escribir. No me parece que haberme convertido, sin proponérmelo, en un ciudadano del mundo, haya debilitado eso que llaman “las raíces”, mis vínculos con mi propio país –lo que tampoco tendría mucha importancia–, porque, si así fuera, las experiencias peruanas no seguirían alimentándome como escritor y no asomarían siempre en mis historias, aun cuando éstas parezcan ocurrir muy lejos del Perú. Creo que vivir tanto tiempo fuera del país donde nací ha fortalecido más bien aquellos vínculos, añadiéndoles una perspectiva más lúcida, y la nostalgia, que sabe diferenciar lo adjetivo y lo sustancial y mantiene reverberando los recuerdos. El amor al país en que uno nació no puede ser obligatorio, sino, al igual que cualquier otro amor, un movimiento espontáneo del corazón, como el que une a los amantes, a padres e hijos, a los amigos entre sí.

Al Perú yo lo llevo en las entrañas porque en él nací, crecí, me formé, y viví aquellas experiencias de niñez y juventud que modelaron mi personalidad, fraguaron mi vocación, y porque allí amé, odié, gocé, sufrí y soñé. Lo que en él ocurre me afecta más, me conmueve y exaspera más que lo que sucede en otras partes. No lo he buscado ni me lo he impuesto, simplemente es así. Algunos compatriotas me acusaron de traidor y estuve a punto de perder la ciudadanía cuando, durante la última dictadura, pedí a los gobiernos democráticos del mundo que penalizaran al régimen con sanciones diplomáticas y económicas, como lo he hecho siempre con todas las dictaduras, de cualquier índole, la de Pinochet, la de Fidel Castro, la de los talibanes en Afganistán, la de los imanes de Irán, la del apartheid de Africa del Sur, la de los sátrapas uniformados de Birmania (hoy Myanmar). Y lo volvería a hacer mañana si –el destino no lo quiera y los peruanos no lo permitan– el Perú fuera víctima una vez más de un golpe de estado que aniquilara nuestra frágil democracia. Aquella no fue la acción precipitada y pasional de un resentido, como escribieron algunos polígrafos acostumbrados a juzgar a los demás desde su propia pequeñez. Fue un acto coherente con mi convicción de que una dictadura representa el mal absoluto para un país, una fuente de brutalidad y corrupción y de heridas profundas que tardan mucho en cerrar, envenenan su futuro y crean hábitos y prácticas malsanas que se prolongan a lo largo de las generaciones demorando la reconstrucción democrática. Por eso, las dictaduras deben ser combatidas sin contemplaciones, por todos los medios a nuestro alcance, incluidas las sanciones económicas. Es lamentable que los gobiernos democráticos, en vez de dar el ejemplo, solidarizándose con quienes, como las Damas de Blanco en Cuba, los resistentes venezolanos, o Aung San Suu Kyi y Liu Xiaobo, que se enfrentan con temeridad a las dictaduras que sufren, se muestren a menudo complacientes no con ellos sino con sus verdugos. Aquellos valientes, luchando por su libertad, también luchan por la nuestra.

Un compatriota mío, José María Arguedas, llamó al Perú el país de “todas las sangres”. No creo que haya fórmula que lo defina mejor. Eso somos y eso llevamos dentro todos los peruanos, nos guste o no: una suma de tradiciones, razas, creencias y culturas procedentes de los cuatro puntos cardinales. A mí me enorgullece sentirme heredero de las culturas prehispánicas que fabricaron los tejidos y mantos de plumas de Nazca y Paracas y los ceramios mochicas o incas que se exhiben en los mejores museos del mundo, de los constructores de Machu Picchu, el Gran Chimú, Chan Chan, Kuelap, Sipán, las huacas de La Bruja y del Sol y de la Luna, y de los españoles que, con sus alforjas, espadas y caballos, trajeron al Perú a Grecia, Roma, la tradición judeo-cristiana, el Renacimiento, Cervantes, Quevedo y Góngora, y la lengua recia de Castilla que los Andes dulcificaron. Y de que con España llegara también el África con su reciedumbre, su música y su efervescente imaginación a enriquecer la heterogeneidad peruana. Si escarbamos un poco descubrimos que el Perú, como el Aleph de Borges, es en pequeño formato el mundo entero. ¡Qué extraordinario privilegio el de un país que no tiene una identidad porque las tiene todas!

La conquista de América fue cruel y violenta, como todas las conquistas, desde luego, y debemos criticarla, pero sin olvidar, al hacerlo, que quienes cometieron aquellos despojos y crímenes fueron, en gran número, nuestros bisabuelos y tatarabuelos, los españoles que fueron a América y allí se acriollaron, no los que se quedaron en su tierra. Aquellas críticas, para ser justas, deben ser una autocrítica. Porque, al independizarnos de España, hace doscientos años, quienes asumieron el poder en las antiguas colonias, en vez de redimir al indio y hacerle justicia por los antiguos agravios, siguieron explotándolo con tanta codicia y ferocidad como los conquistadores, y, en algunos países, diezmándolo y exterminándolo. Digámoslo con toda claridad: desde hace dos siglos la emancipación de los indígenas es una responsabilidad exclusivamente nuestra y la hemos incumplido. Ella sigue siendo una asignatura pendiente en toda América Latina. No hay una sola excepción a este oprobio y vergüenza.

Quiero a España tanto como al Perú y mi deuda con ella es tan grande como el agradecimiento que le tengo. Si no hubiera sido por España jamás hubiera llegado a esta tribuna, ni a ser un escritor conocido, y tal vez, como tantos colegas desafortunados, andaría en el limbo de los escribidores sin suerte, sin editores, ni premios, ni lectores, cuyo talento acaso –triste consuelo– descubriría algún día la posteridad. En España se publicaron todos mis libros, recibí reconocimientos exagerados, amigos como Carlos Barral y Carmen Balcells y tantos otros se desvivieron porque mis historias tuvieran lectores. Y España me concedió una segunda nacionalidad cuando podía perder la mía. Jamás he sentido la menor incompatibilidad entre ser peruano y tener un pasaporte español porque siempre he sentido que España y el Perú son el anverso y el reverso de una misma cosa, y no sólo en mi pequeña persona, también en realidades esenciales como la historia, la lengua y la cultura.

De todos los años que he vivido en suelo español, recuerdo con fulgor los cinco que pasé en la querida Barcelona a comienzos de los años setenta. La dictadura de Franco estaba todavía en pie y aún fusilaba, pero era ya un fósil en hilachas, y, sobre todo en el campo de la cultura, incapaz de mantener los controles de antaño. Se abrían rendijas y resquicios que la censura no alcanzaba a parchar y por ellas la sociedad española absorbía nuevas ideas, libros, corrientes de pensamiento y valores y formas artísticas hasta entonces prohibidos por subversivos. Ninguna ciudad aprovechó tanto y mejor que Barcelona este comienzo de apertura ni vivió una efervescencia semejante en todos los campos de las ideas y la creación. Se convirtió en la capital cultural de España, el lugar donde había que estar para respirar el anticipo de la libertad que se vendría. Y, en cierto modo, fue también la capital cultural de América Latina por la cantidad de pintores, escritores, editores y artistas procedentes de los países latinoamericanos que allí se instalaron, o iban y venían a Barcelona, porque era donde había que estar si uno quería ser un poeta, novelista, pintor o compositor de nuestro tiempo. Para mí, aquellos fueron unos años inolvidables de compañerismo, amistad, conspiraciones y fecundo trabajo intelectual. Igual que antes París, Barcelona fue una Torre de Babel, una ciudad cosmopolita y universal, donde era estimulante vivir y trabajar, y donde, por primera vez desde los tiempos de la guerra civil, escritores españoles y latinoamericanos se mezclaron y fraternizaron, reconociéndose dueños de una misma tradición y aliados en una empresa común y una certeza: que el final de la dictadura era inminente y que en la España democrática la cultura sería la protagonista principal.

Aunque no ocurrió así exactamente, la transición española de la dictadura a la democracia ha sido una de las mejores historias de los tiempos modernos, un ejemplo de como, cuando la sensatez y la racionalidad prevalecen y los adversarios políticos aparcan el sectarismo en favor del bien común, pueden ocurrir hechos tan prodigiosos como los de las novelas del realismo mágico. La transición española del autoritarismo a la libertad, del subdesarrollo a la prosperidad, de una sociedad de contrastes económicos y desigualdades tercermundistas a un país de clases medias, su integración a Europa y su adopción en pocos años de una cultura democrática, ha admirado al mundo entero y disparado la modernización de España. Ha sido para mí una experiencia emocionante y aleccionadora vivirla de muy cerca y a ratos desde dentro. Ojalá que los nacionalismos, plaga incurable del mundo moderno y también de España, no estropeen esta historia feliz.
Detesto toda forma de nacionalismo, ideología –o, más bien, religión– provinciana, de corto vuelo, excluyente, que recorta el horizonte intelectual y disimula en su seno prejuicios étnicos y racistas, pues convierte en valor supremo, en privilegio moral y ontológico, la circunstancia fortuita del lugar de nacimiento. Junto con la religión, el nacionalismo ha sido la causa de las peores carnicerías de la historia, como las de las dos guerras mundiales y la sangría actual del Medio Oriente. Nada ha contribuido tanto como el nacionalismo a que América Latina se haya balcanizado, ensangrentado en insensatas contiendas y litigios y derrochado astronómicos recursos en comprar armas en vez de construir escuelas, bibliotecas y hospitales.

No hay que confundir el nacionalismo de orejeras y su rechazo del “otro”, siempre semilla de violencia, con el patriotismo, sentimiento sano y generoso, de amor a la tierra donde uno vio la luz, donde vivieron sus ancestros y se forjaron los primeros sueños, paisaje familiar de geografías, seres queridos y ocurrencias que se convierten en hitos de la memoria y escudos contra la soledad. La patria no son las banderas ni los himnos, ni los discursos apodícticos sobre los héroes emblemáticos, sino un puñado de lugares y personas que pueblan nuestros recuerdos y los tiñen de melancolía, la sensación cálida de que, no importa donde estemos, existe un hogar al que podemos volver.

El Perú es para mí una Arequipa donde nací pero nunca viví, una ciudad que mi madre, mis abuelos y mis tíos me enseñaron a conocer a través de sus recuerdos y añoranzas, porque toda mi tribu familiar, como suelen hacer los arequipeños, se llevó siempre a la Ciudad Blanca con ella en su andariega existencia. Es la Piura del desierto, el algarrobo y el sufrido burrito, al que los piuranos de mi juventud llamaban “el pie ajeno” –lindo y triste apelativo–, donde descubrí que no eran las cigüeñas las que traían los bebes al mundo sino que los fabricaban las parejas haciendo unas barbaridades que eran pecado mortal. Es el Colegio San Miguel y el Teatro Variedades donde por primera vez vi subir al escenario una obrita escrita por mí. Es la esquina de Diego Ferré y Colón, en el Miraflores limeño –la llamábamos el Barrio Alegre–, donde cambié el pantalón corto por el largo, fumé mi primer cigarrillo, aprendí a bailar, a enamorar y a declararme a las chicas. Es la polvorienta y temblorosa redacción del diario La Crónica donde, a mis dieciséis años, velé mis primeras armas de periodista, oficio que, con la literatura, ha ocupado casi toda mi vida y me ha hecho, como los libros, vivir más, conocer mejor el mundo y frecuentar a gente de todas partes y de todos los registros, gente excelente, buena, mala y execrable. Es el Colegio Militar Leoncio Prado, donde aprendí que el Perú no era el pequeño reducto de clase media en el que yo había vivido hasta entonces confinado y protegido, sino un país grande, antiguo, enconado, desigual y sacudido por toda clase de tormentas sociales. Son las células clandestinas de Cahuide en las que con un puñado de sanmarquinos preparábamos la revolución mundial. Y el Perú son mis amigos y amigas del Movimiento Libertad con los que por tres años, entre las bombas, apagones y asesinatos del terrorismo, trabajamos en defensa de la democracia y la cultura de la libertad.
El Perú es Patricia, la prima de naricita respingada y carácter indomable con la que tuve la fortuna de casarme hace 45 años y que todavía soporta las manías, neurosis y rabietas que me ayudan a escribir. Sin ella mi vida se hubiera disuelto hace tiempo en un torbellino caótico y no hubieran nacido Álvaro, Gonzalo, Morgana ni los seis nietos que nos prolongan y alegran la existencia. Ella hace todo y todo lo hace bien. Resuelve los problemas, administra la economía, pone orden en el caos, mantiene a raya a los periodistas y a los intrusos, defiende mi tiempo, decide las citas y los viajes, hace y deshace las maletas, y es tan generosa que, hasta cuando cree que me riñe, me hace el mejor de los elogios: “Mario, para lo único que tú sirves es para escribir”.

Volvamos a la literatura. El paraíso de la infancia no es para mí un mito literario sino una realidad que viví y gocé en la gran casa familiar de tres patios, en Cochabamba, donde con mis primas y compañeros de colegio podíamos reproducir las historias de Tarzán y de Salgari, y en la Prefectura de Piura, en cuyos entretechos anidaban los murciélagos, sombras silentes que llenaban de misterio las noches estrelladas de esa tierra caliente. En esos años, escribir fue jugar un juego que me celebraba la familia, una gracia que me merecía aplausos, a mí, el nieto, el sobrino, el hijo sin papá, porque mi padre había muerto y estaba en el cielo. Era un señor alto y buen mozo, de uniforme de marino, cuya foto engalanaba mi velador y a la que yo rezaba y besaba antes de dormir. Una mañana piurana, de la que todavía no creo haberme recobrado, mi madre me reveló que aquel caballero, en verdad, estaba vivo. Y que ese mismo día nos iríamos a vivir con él, a Lima. Yo tenía once años y, desde entonces, todo cambió. Perdí la inocencia y descubrí la soledad, la autoridad, la vida adulta y el miedo. Mi salvación fue leer, leer los buenos libros, refugiarme en esos mundos donde vivir era exaltante, intenso, una aventura tras otra, donde podía sentirme libre y volvía a ser feliz. Y fue escribir, a escondidas, como quien se entrega a un vicio inconfesable, a una pasión prohibida.

La literatura dejó de ser un juego. Se volvió una manera de resistir la adversidad, de protestar, de rebelarme, de escapar a lo intolerable, mi razón de vivir. Desde entonces y hasta ahora, en todas las circunstancias en que me he sentido abatido o golpeado, a orillas de la desesperación, entregarme en cuerpo y alma a mi trabajo de fabulador ha sido la luz que señala la salida del túnel, la tabla de salvación que lleva al náufrago a la playa.

Aunque me cuesta mucho trabajo y me hace sudar la gota gorda, y, como todo escritor, siento a veces la amenaza de la parálisis, de la sequía de la imaginación, nada me ha hecho gozar en la vida tanto como pasarme los meses y los años construyendo una historia, desde su incierto despuntar, esa imagen que la memoria almacenó de alguna experiencia vivida, que se volvió un desasosiego, un entusiasmo, un fantaseo que germinó luego en un proyecto y en la decisión de intentar convertir esa niebla agitada de fantasmas en una historia. “Escribir es una manera de vivir”, dijo Flaubert. Sí, muy cierto, una manera de vivir con ilusión y alegría y un fuego chisporroteante en la cabeza, peleando con las palabras díscolas hasta amaestrarlas, explorando el ancho mundo como un cazador en pos de presas codiciables para alimentar la ficción en ciernes y aplacar ese apetito voraz de toda historia que al crecer quisiera tragarse todas las historias. Llegar a sentir el vértigo al que nos conduce una novela en gestación, cuando toma forma y parece empezar a vivir por cuenta propia, con personajes que se mueven, actúan, piensan, sienten y exigen respeto y consideración, a los que ya no es posible imponer arbitrariamente una conducta, ni privarlos de su libre albedrío sin matarlos, sin que la historia pierda poder de persuasión, es una experiencia que me sigue hechizando como la primera vez, tan plena y vertiginosa como hacer el amor con la mujer amada días, semanas y meses, sin cesar.

Al hablar de la ficción, he hablado mucho de la novela y poco del teatro, otra de sus formas excelsas. Una gran injusticia, desde luego. El teatro fue mi primer amor, desde que, adolescente, vi en el Teatro Segura, de Lima, La muerte de un viajante, de Arthur Miller, espectáculo que me dejó traspasado de emoción y me precipitó a escribir un drama con incas. Si en la Lima de los cincuenta hubiera habido un movimiento teatral habría sido dramaturgo antes que novelista. No lo había y eso debió orientarme cada vez más hacia la narrativa. Pero mi amor por el teatro nunca cesó, dormitó acurrucado a la sombra de las novelas, como una tentación y una nostalgia, sobre todo cuando veía alguna pieza subyugante. A fines de los setenta, el recuerdo pertinaz de una tía abuela centenaria, la Mamaé, que, en los últimos años de su vida, cortó con la realidad circundante para refugiarse en los recuerdos y la ficción, me sugirió una historia. Y sentí, de manera fatídica, que aquella era una historia para el teatro, que sólo sobre un escenario cobraría la animación y el esplendor de las ficciones logradas. La escribí con el temblor excitado del principiante y gocé tanto viéndola en escena, con Norma Aleandro en el papel de la heroína, que, desde entonces, entre novela y novela, ensayo y ensayo, he reincidido varias veces. Eso sí, nunca imaginé que, a mis setenta años, me subiría (debería decir mejor me arrastraría) a un escenario a actuar. Esa temeraria aventura me hizo vivir por primera vez en carne y hueso el milagro que es, para alguien que se ha pasado la vida escribiendo ficciones, encarnar por unas horas a un personaje de la fantasía, vivir la ficción delante de un público. Nunca podré agradecer bastante a mis queridos amigos, el director Joan Ollé y la actriz Aitana Sánchez Gijón, haberme animado a compartir con ellos esa fantástica experiencia (pese al pánico que la acompañó).

La literatura es una representación falaz de la vida que, sin embargo, nos ayuda a entenderla mejor, a orientarnos por el laberinto en el que nacimos, transcurrimos y morimos. Ella nos desagravia de los reveses y frustraciones que nos inflige la vida verdadera y gracias a ella desciframos, al menos parcialmente, el jeroglífico que suele ser la existencia para la gran mayoría de los seres humanos, principalmente aquellos que alentamos más dudas que certezas, y confesamos nuestra perplejidad ante temas como la trascendencia, el destino individual y colectivo, el alma, el sentido o el sinsentido de la historia, el más acá y el más allá del conocimiento racional.

Siempre me ha fascinado imaginar aquella incierta circunstancia en que nuestros antepasados, apenas diferentes todavía del animal, recién nacido el lenguaje que les permitía comunicarse, empezaron, en las cavernas, en torno a las hogueras, en noches hirvientes de amenazas –rayos, truenos, gruñidos de las fieras–, a inventar historias y a contárselas. Aquel fue el momento crucial de nuestro destino, porque, en esas rondas de seres primitivos suspensos por la voz y la fantasía del contador, comenzó la civilización, el largo transcurrir que poco a poco nos humanizaría y nos llevaría a inventar al individuo soberano y a desgajarlo de la tribu, la ciencia, las artes, el derecho, la libertad, a escrutar las entrañas de la naturaleza, del cuerpo humano, del espacio y a viajar a las estrellas. Aquellos cuentos, fábulas, mitos, leyendas, que resonaron por primera vez como una música nueva ante auditorios intimidados por los misterios y peligros de un mundo donde todo era desconocido y peligroso, debieron ser un baño refrescante, un remanso para esos espíritus siempre en el quién vive, para los que existir quería decir apenas comer, guarecerse de los elementos, matar y fornicar. Desde que empezaron a soñar en colectividad, a compartir los sueños, incitados por los contadores de cuentos, dejaron de estar atados a la noria de la supervivencia, un remolino de quehaceres embrutecedores, y su vida se volvió sueño, goce, fantasía y un designio revolucionario: romper aquel confinamiento y cambiar y mejorar, una lucha para aplacar aquellos deseos y ambiciones que en ellos azuzaban las vidas figuradas, y la curiosidad por despejar las incógnitas de que estaba constelado su entorno.

Ese proceso nunca interrumpido se enriqueció cuando nació la escritura y las historias, además de escucharse, pudieron leerse y alcanzaron la permanencia que les confiere la literatura. Por eso, hay que repetirlo sin tregua hasta convencer de ello a las nuevas generaciones: la ficción es más que un entretenimiento, más que un ejercicio intelectual que aguza la sensibilidad y despierta el espíritu crítico. Es una necesidad imprescindible para que la civilización siga existiendo, renovándose y conservando en nosotros lo mejor de lo humano. Para que no retrocedamos a la barbarie de la incomunicación y la vida no se reduzca al pragmatismo de los especialistas que ven las cosas en profundidad pero ignoran lo que las rodea, precede y continúa. Para que no pasemos de servirnos de las máquinas que inventamos a ser sus sirvientes y esclavos. Y porque un mundo sin literatura sería un mundo sin deseos ni ideales ni desacatos, un mundo de autómatas privados de lo que hace que el ser humano sea de veras humano: la capacidad de salir de sí mismo y mudarse en otro, en otros, modelados con la arcilla de nuestros sueños.

De la caverna al rascacielos, del garrote a las armas de destrucción masiva, de la vida tautológica de la tribu a la era de la globalización, las ficciones de la literatura han multiplicado las experiencias humanas, impidiendo que hombres y mujeres sucumbamos al letargo, al ensimismamiento, a la resignación. Nada ha sembrado tanto la inquietud, removido tanto la imaginación y los deseos, como esa vida de mentiras que añadimos a la que tenemos gracias a la literatura para protagonizar las grandes aventuras, las grandes pasiones, que la vida verdadera nunca nos dará. Las mentiras de la literatura se vuelven verdades a través de nosotros, los lectores transformados, contaminados de anhelos y, por culpa de la ficción, en permanente entredicho con la mediocre realidad. Hechicería que, al ilusionarnos con tener lo que no tenemos, ser lo que no somos, acceder a esa imposible existencia donde, como dioses paganos, nos sentimos terrenales y eternos a la vez, la literatura introduce en nuestros espíritus la inconformidad y la rebeldía, que están detrás de todas las hazañas que han contribuido a disminuir la violencia en las relaciones humanas. A disminuir la violencia, no a acabar con ella. Porque la nuestra será siempre, por fortuna, una historia inconclusa. Por eso tenemos que seguir soñando, leyendo y escribiendo, la más eficaz manera que hayamos encontrado de aliviar nuestra condición perecedera, de derrotar a la carcoma del tiempo y de convertir en posible lo imposible. "

9.11.10

Taller: “Construye y difunde la Gestión Social Empresarial” por Human Solutions International y Escribarte

Human Solutions Internacional y Escribarte invitan a participar el 25 de noviembre de 2010 en el Taller: “Construye y difunde la Gestión Social Empresarial”, que se estará llevando a cabo en Caracas, en la Cámara Venezolano Española de Industria y Comercio (CAVESPA), ubicada en la Av. Francisco de Miranda, Edif. Parque Cristal, Torre Este, Piso 9, oficina TOP 9-9, Los Palos Grandes.

El Taller le permitirá a los participantes reconocerse como individuos activos de la sociedad, tomar conciencia del valor de la responsabilidad social como factor clave para llevar una relación coherente con nuestra realidad circundante, y a la vez aprender acerca de la forma de comunicarlo profesionalmente, con una visión integral. 

La difusión de la Gestión Social Empresarial tiene como objetivo afrontar con determinación la situación socio-económica mundial, logrando resultados que ayuden a fomentar el bienestar social de las organizaciones y su entorno, además de incentivar, motivar y activar al colectivo, estableciendo mejores vínculos entre los diferentes sectores sociales. 

El taller será facilitado por Adelmary Salgueiro, Consultora en Responsabilidad Social, Facilitadora experta en aprendizaje acelerado para adultos con amplia experiencia en procesos de gestión humana; y por Daniel Duque, Asesor en comunicaciones estratégicas, articulista de medios de comunicación de Argentina, Chile, España y Venezuela; y autor de varios libros.
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Sobre Human Solutions International y Escribarte:

Human Solutions International es una organización que se dedica a contribuir con el desarrollo de empresas más humanas, generando crecimiento para la gente, valor para el negocio y beneficios para la comunidad. Sus servicios se fundamenta en: Formación en gestión social empresarial a través del programa Individuo Socialmente Responsable, diseño e implantación de plataformas de aprendizaje y desarrollo de una estrategia eficaz de gestión del desempeño de las personas en la organización. Ha trabajado para Empresas Polar, Fundación Empresas Polar, Net Uno, entre otras.

Escribarte es una consultora que desde el 2004 ofrece soluciones comunicacionales mediante sus 3 áreas de acción: Publicaciones, Capacitaciones y Programas de Comunicación. Escribarte opera en Buenos Aires a través de Daniel Duque y cuenta con una sede en Caracas coordinada por Dubraska Ollarves y Margit Flores. Entre sus clientes están: VIP Travel Consultant, Talentos en Acción Latinoamérica y El Diario El Universal.

Para mayor información acerca del Taller, por favor, comunicarse con Dubraska Ollarves a través del (0212) 715.52.05/(0416)216.22.30/(0414)282.79.42 y por el correo electrónico dollarves@escribarte.com.

14.10.10

¡Alarma! Conflicto Organizacional

Al presentarse una contingencia o al desencadenarse una serie de conflictos potenciales dentro una organización, sin importar la actividad que realice, los especialistas y los encargados de representar a la corporación o institución ante sus públicos deben definir las distintas situaciones que se puedan generar, cuál puede ser su importancia y los efectos que  ocasionarán sobre la organización.

Para Wilcox (2006), los profesionales de las relaciones públicas van adaptando su estrategia y su postura a la par de los hechos que se susciten durante el ciclo de vida del conflicto.
Las amenazas, factores de poder y las directrices de la alta gerencia juegan un papel importante en el trato a un determinado público por parte del mediador.
La gestión de conflictos le permite a la organización ahorrar en costos presupuestarios y favorece a disminuir la incertidumbre entre sus audiencias clave.


Cuando se quiere influir de manera satisfactoria en el curso de una contingencia se recomienda aplicar cuatro fases de acción:


1) Fase proactiva: El primer paso es el análisis del entorno, es decir, escuchar, observar y leer los temas de actualidad que  atañen a la organización. Una vez que se ha evaluado el entorno, se procede a realizar un plan de crisis, con la finalidad de prepararse para la mayor parte de las eventualidades.


2) Fase estratégica: Consiste en anticiparse a situaciones adversas como litigios, legislaciones, boicots, entre otras.


3) Fase reactiva: En esta fase se pone a prueba la capacidad de negociación de los implicados  para darle una resolución en buenos términos al conflicto.


4) Fase de reputación: Una vez que baja la tensión  es recomendable realizar una investigación para determinar la situación de la organización en cuanto a su reputación y así mejorar su imagen.


Escribarte le ofrece la mayor asesoría en todas las fases del asunto clave que le competa a su empresa o institución. 

Infórmese sobre nuestro taller de la materia: http://escribarte.blogspot.com/2010/09/taller-de-comunicacion-para-el-manejo.html 

Consúltenos acerca de nuestras soluciones comunicacionales http://www.escribarte.com/
 
Fuente:
Wilcox, Dennis L y otros (2006). Relaciones Públicas. Estrategias y Tácticas. (8va. ed). Madrid, España: Pearson Educación.

Por Dubraska Ollarves
dollarves@escribarte.com

13.9.10

Taller: Comunicaciones Estratégicas para Ventas


Situación: Hoy en día nuestro contexto está caracterizado por la creciente competitividad, los adelantos tecnológicos y los cambios constantes; por ello, es sumamente importante que los profesionales -de todos los rubros- conozcan las ventajas de ser estratégicos en sus comunicaciones.

La comunicación ofrece una serie de herramientas, cuyo buen uso facilita el alcance de los resultados esperados.

Beneficios de mejorar la comunicación:

• Fomentar el desarrollo de la organización.

• Mejorar las relaciones (integrar y motivar).

• Estimular la participación de los grupos de interés.

• Ahorro de tiempo, esfuerzo y dinero.

• Maximizar los resultados positivos.

• Aproximarnos a la imagen deseada.


Objetivo del Taller: Adquirir, para adaptar a sus casos específicos, una caja de herramientas conformada por los conocimientos y las habilidades requeridos para alcanzar un óptimo manejo de las comunicaciones estratégicas.

Perfil del Público: Dirigido a la Alta Gerencia, Gerencia Media, Supervisores y Ejecutivos, sobre todo del Departamento de Comunicación de la organización.

Contenido del Taller:


• Comunicación–Información, Identidad, Cultura Organizacional, Imagen.

Etapas del planeamiento comunicacional.

1. Evaluar la situación interna y externa (diagnóstico)

2. Determinar los objetivos.

3. Conocer el entorno. Detectar los públicos.

4. Formular las estrategias. Decidir los medios. Presupuestar. Programar las acciones.

5. Elegir los atributos a comunicar. Desarrollar los mensajes.

6. Ejecutar

7. Realizar el debido control y evaluación (seguimiento).

• Problemáticas comunes.

• Soluciones: Networking. Coopetencia.

Metodología: Teórica-práctica. Se facilitan conceptos apoyados en ejemplos y ejercicios, mediante los cuales se aprende en la práctica a través de diversas dinámicas. En Escribarte ajustamos nuestras capacitaciones a la medida de los interesados en ellas; es decir, adecuamos nuestros ofrecimientos a las necesidades de nuestros clientes, por lo que la extensión, profundización y forma de facilitar son variables.

Participantes: Entre 8 y 16 participantes.


Para acordar una reunión con nosotros o solicitar mayor información, escríbanos: info@escribarte.com.